viernes, 2 de diciembre de 2016

EN ESE BAR...


En ese bar, ella y él, amantes, furtivos, destinados a ese desierto de sus propias vidas, un encuentro a dos bandas, a una sola banda, se decían cosas al oído, eran confidentes de un caminar, se veían a la sombra de un invierno, aquel calor de ese bar, con una sinceridad, con esos besos jugando a la traición, fueron, eran, deseaban, se fueron por esas calles desiertas, entre bajadas y subidas, llegaron a un hotel, a un solitario hotel, en esa habitación, comenzaron a desearse, a amarse a la espalda de otra libertad, besos, caricias, dulzura y ternura a la vez, era un encuentro apasionado, como todos los anteriores, hacía un tiempo, hacía unos años, que se veían en el más absoluto secreto, eran dos almas perdidas en su mundo, en un mundo que sólo entraban ellos dos, ella, casada con una vida, con dos hijos, con su trabajo de ejecutiva, todo perfecto de cara a la galería, él, casado, con otra vida, tres hijas, una esposa perfecta, todo era demasiado perfecto, para ser imperfecto, en esa habitación se comían los cuerpos, los segundos de una felicidad compartida, era un tiempo indefinido en un lugar abstracto insensible, eran ellos dos, ajenos a la realidad, a su dura realidad, en la madrugada, engañando a sus parejas, se fueron por sus caminos, pero fueron observados, fueron vistos, sus cónyuges, les habían preparado una trampa, su propia trampa, esos sicarios, los asesinaron, así, sin pudor sin magia, ella y él, como esos amantes a la antigua quedaron sepultados en ese frío suelo, de un recién estrenado invierno...

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