miércoles, 7 de septiembre de 2016
EL CUCHILLO DE LA SOLEDAD...
Era una mujer hermosa, era esa belleza personificada que transmitía magia en sus formas, era la perfección perfecta, todos la deseaban, todos querían pasar una noche loca con ella, llegó un día a la ciudad, quiso ser modelo, y si, triunfo, quiso que alguien le amara de verdad, como se ama con el alma, como se ama con el sentimiento, conoció a su jefe, la hizo su amante, años de estar escondida en aquel ático maravilloso, y ella no era feliz, sólo era el desahogo de un hombre casado, fueron horas de soledad, esos paseos a la luz de una luna, rodeada de la duda, pensaba, meditaba, tenía amigos, entre comillas del viento, todos la deseaban, había hombres que se morían por pasar una noche de pasión con ella, sin amor, sin sentimiento, se sentía cansada, manipulada, herida en su amor propio, sin conocerlo, sin saber lo que era sentirse una mujer realmente amada, pensaba tantas cosas por su mente, quería escapar, quería huir, deseaba tener una familia, unos hijos, un hogar, deseaba saber lo que era la felicidad, la verdadera felicidad, lo intentaba, pero nadie se enamoraba de ella, todos la deseaban, no entendía el porque, quería que la amaran por dentro, por su profundidad, nadie se fijaba en ella, sólo en su cuerpo, sólo en su exterior, necesitaba huir de verdad, con esas alas de alguna libertad, y si, se fue, a esa otra gran ciudad, y todo seguía igual, ellos la deseaban, fuera donde fuera, nadie la amaba de verdad, nunca nadie la amo, en la soledad de ese hotel, ella, esa belleza personificada, ya no pudo más, se clavó ese cuchillo, por su cuerpo, hasta llegar a ese corazón, que se apago sin saber lo que era el amor, sin latir por la inspiración, por la sensación de amar, y en ese hotel, yacía en ese frío suelo, asesinada por ella misma, porque nadie la amó, nadie la supo amar...
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