viernes, 30 de septiembre de 2016

VEINTE DE ABRIL...


Veinte de abril, el asesinato, la sangre, el charco de sangre, el frío cuchillo, la luna llena en el centro de un cielo, esa oscuridad, el poema de un muerto en el aire, ella le mató, lo tenía que hacer, nunca le pertenecía, esos malos tratos, los encuentros de otro horizonte, en plena primavera, se lo clavó, lo tenía en mente, fue una asesina, porque ya no pudo más, de rabia, de impotencia, nunca le puso nombre, era un destino, fue tantas cosas, no le pertenecía, era una mujer en sus manos, la maltrataba siempre, a las espaldas del mundo, de su propio universo. ella se fue de ese lugar, en ese veinte de abril, y camino, sumisa en sus pensamientos, lo había echo, lo debía de hacer, había jugado con su vida, con su felicidad, nunca le había dado, nunca le había sentido, ella lloraba de alegría, de satisfacción, aquel hombre fue un furtivo en algún sendero, Violeta, se llamaba, fue lejos, se fue lejos, a otra ciudad, comenzó una vida, su vida, la que no le habían dejado vivir, y esos labios comenzaron a besar, a sentir, a olvidar, conoció a ese otro, que le dio amor, que le dio ternura, cariño, encuentros en esa luz de la luna, y era otro año, en esa fecha maldita a la vez, ese gran amor, la mató, dos tiros, sin un porque, ella se llevo la respuesta, sin pregunta, era asesinada, en esa luna, en otro celestial motivo, sin dar un paso más, quedó tendida, quedo sóla, en esa soledad, la de su propia muerte...

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