sábado, 15 de octubre de 2016
EL ABRIGO AZUL...
El abrigo azul, lo llevaba, salía de ese antro, invierno, la nieve caía, se había cumplido el presagio ese destino acallado al fondo de esa melodía, una canción se escuchaba, lloraba, rabia, impotencia, lo había echo, lo asesinó, el porque, su porque, lo tenía que hacer, se lo dijo, se lo confesó, la iba a dejar, se había enamorado de él, de su mejor amigo, de ese colega, de ese chico risueño de su vida, eran un trío jugando al amor, se lo dijo, ella con su abrigo azul, lo mató, se lo manchó de esa sangre, de ese olvido, lo tenía que hacer, la obligó, era su adelanto, era su vida, convertida en una huella de la nada, no entendía, no comprendía y lo comprendía todo, quería huir lejos, no quería ser víctima de una prisión, sin rumbo, se tapaba, tapaba su cuerpo con ese abrigo azul, era su sombra en su atardecer, se sentía presa de otro pánico en su interior, era desolación, era duda, no olvidaba, no hería sin herir, ella lo sabía, se había convertido en una asesina convertida en su propia suerte, le mató, fue por celos, por herir su alma, y no ser pasado, ser el presente, que allí estaba, el abrigo azul, su abrigo azul, testigo de aquel asesinato, a ese hombre, a su hombre que no fue nada, que fue recuerdo en una poesía perdida...
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