lunes, 3 de octubre de 2016

ESA LUNA MARCADA POR LA SANGRE...


Todo ocurrió en esa noche, profunda, tenebrosa, en el mismo misterio, Debora caminaba por esas calles desiertas, sin encontrarse a nadie que cruzara con su mirada, pero así sin pensar, apareció ese hombre vestido con una gabardina, y un sombrero, Debora quería, necesitaba acelerar ese paso, pero parecía que era imposible, aquel hombre le cortó el paso, sacó esa navaja, y se la clavo una y otra vez, una y otra vez, así durante muchas veces, Debora cayó al suelo, al frío suelo de esa calle desierta, estaba muriendo, la sangre emanaba por su cuerpo, sólo la luna observaba salpicada por esa sangre, el hombre la miraba, sonreía, se reía, eran carcajadas de placer, de insensibilidad, de un toque de maldad en toda la maldad, Débora ya era cadáver, era asesinada, ya estaba asesinada, ese hombre, la dejo de mirar, se fue, siguió su camino, la noche seguía con esa oscuridad, en un silencio, sólo el grito de alguien en la lejanía se escuchaba, la luna lloraba, no podía hacer nada, ya estaba todo echo, fue el principio de un final, con ese final, el asesino ya no miro atrás, lo había echo, había mortificado el momento, en aquella noche, en aquel destino marcado, escrito, diabólico...

No hay comentarios:

Publicar un comentario