viernes, 21 de octubre de 2016
LONDRES, HORA DIEZ...
Londres, hora diez, quince de enero, niebla, soledad en esas calles desiertas, una mujer por una acera, siente frío, inmensidad en su piel, camina veloz, aturdida, no mira a ese destino, corre, cada vez más, como si alguien fuese tras ella, y tal vez, en otra acera, un hombre, gabardina, sombrero, su mano dentro del gabán, saca una pistola, cruza de acera, la persigue, dispara, una, varias veces, la vence, cae al suelo, la ha asesinado, no existen dudas, es un asesino, en esa ciudad, en esa gran ciudad en Londres, en ese frío invierno, ya no pudo ser, era la hora de una apesadumbre, sin resignación, con el problema de otro problema, quizás un ajuste de cuentas, quizás la nostalgia de un desamor, quizás nadie entendía, el hombre asesino, introduce esa pistola dentro del gabán, la mujer queda asesinada en esa calle, a la hora sin hora, en ese destino destinado, calles desiertas, de repente, un coche de policía la observa, la ve, la mira, ya no se puede hacer nada, el hombre ha desaparecido, el verdadero asesino, de una luz interior, sin horizonte, sin rumbo, con frío, excesivo frío en otro pensamiento...
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